Inaccesible escalera, gustosa
de su crimen, allí rescato
el abolido amor, la disfrazada
inocencia: mi suplicio más crédulo.
Cada peldaño, oculto
por su mancha, desemboca, vacila
en el vacío. ¿Dónde
quedó la carne vengativa, aquel
delirio reencoroso, la anhelante
mordedura inicual de la impureza?
En vano intento reencontrarme,
ir explorando a tientas las estancias
jadeantes del tiempo. Su laberinto
dentro de mí enreda, no en la sierpe
de imposible salida.
Muros,
repliegues, insidiosos
distritos del deseo, trabajos
corrosivos de la desolación,
¿qué significan, cómo se disponen
entre sus subalternas tentativas
que cuánto más los ciño más se escapan?
Si sellado el amor, también se oculta,
negándose a sí mismo, su contrario.
Ya francos los reductos, en la última
mentira sigilosa, sólo tiembla
la mano que conduce al inocente.
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